Las infecciones bacterianas ya son la segunda causa principal de mortalidad a nivel mundial. Desde hace más de un siglo, los fagos se han utilizado para eliminar cepas bacterianas. Sin embargo, este tratamiento ha quedado en gran medida relegado desde el descubrimiento y la adopción generalizada de los antibióticos. En 2025, Francia aprobó tratamientos veterinarios basados en fagos, incorporándolos por primera vez a un marco regulatorio formal. A medida que la resistencia antimicrobiana (RAM) sigue limitando la eficacia de los antibióticos, los fagos están siendo reconsiderados como alternativas prometedoras.
Los bacteriófagos, o fagos, fueron observados por primera vez por Frederick Twort en 1915. Dos años después, el microbiólogo francés Félix d’Hérelle realizó el mismo descubrimiento de forma independiente. Los llamó «comedores de bacterias» en griego y quedó fascinado por su potencial. D’Hérelle dedicó su carrera a la terapia con fagos, tratando con éxito a pacientes con disentería incluso antes de comprender plenamente cómo funcionaban.
Hoy sabemos que los fagos son virus que infectan bacterias, cada uno capaz de eliminar una o solo unas pocas cepas bacterianas, sin dañar las células humanas o animales. Actúan inyectando su ADN en las bacterias, reprogramando la célula para producir nuevos fagos hasta que esta estalla y libera nuevos fagos que continúan el ciclo.
Entonces, ¿por qué se abandonó esta prometedora terapia? Cuando se descubrió la penicilina, con el tiempo se convirtió en el tratamiento preferido y era fácil de fabricar en grandes cantidades. La terapia con fagos se descartó porque los científicos carecían de la tecnología para escalarla.
El desafío de la resistencia antimicrobiana
El uso indebido, el uso excesivo y la eliminación inadecuada de los antimicrobianos han impulsado el aumento mundial de la resistencia antimicrobiana (RAM). La Organización Mundial de la Salud (OMS) informa que una de cada seis infecciones bacterianas confirmadas en laboratorio ya no responde a los medicamentos tradicionales, y que la resistencia a los antibióticos empeora a nivel mundial entre un 5 % y un 15 % cada año. Actualmente, 3.500 personas mueren cada día como resultado directo de la crisis de la RAM.
Sin embargo, la RAM no es un problema limitado a la salud humana. También afecta a la sanidad animal al reducir la eficacia de los tratamientos contra infecciones. Las implicaciones económicas son enormes: los animales terrestres contribuyen con el 25 % del PIB agrícola en los países de ingresos bajos y medianos y con casi el 50 % en los países de ingresos altos, y se estima que ya se pierde alrededor del 20 % de la producción debido a enfermedades.
Ante los elevados costos de desarrollar nuevos antibióticos, el mundo busca con urgencia nuevas alternativas para combatir la RAM.
Implicaciones globales y perspectivas futuras
Al ofrecer tratamientos precisos, adaptables y seguros para el medio ambiente, los fagos podrían convertirse en una herramienta fundamental para proteger la salud humana y animal en todo el mundo.
El avance regulatorio de Francia establece un precedente que otros países pueden tomar como referencia al desarrollar sus propios procesos de aprobación de la terapia con fagos. Los primeros despliegues a gran escala en campo generarán evidencia del mundo real que las agencias reguladoras de todo el mundo podrán evaluar. A medida que más países observen este modelo y revisen los datos emergentes, se esperan nuevas aprobaciones en los próximos años.
Después de un siglo en la sombra, la terapia con fagos está resurgiendo en las discusiones científicas. La pregunta ya no es si los fagos pueden funcionar, sino qué tan rápido se puede adoptar esta solución para apoyar la salud global.
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