Científico

Análisis

Seguridad sanitaria mundial

Tiempo de lectura: 15min

Los riesgos relativos a la biocustodia son una amenaza para la agroindustria

publicado el

01/28/2026

escrito por

Escritor principal

Lijun Shang

Lijun es profesor de Ciencias biomédicas en la Facultad de Ciencias Humanas de la Universidad Metropolitana de Londres (LMU). Es el Director fundador del Centro de Investigación sobre Seguridad Biológica de la LMU y dirige el proyecto para desarrollar la Red Internacional de Educación sobre Seguridad Biológica (IBSEN), financiado por la Fundación benéfica Joseph Rowntree.

Olivia Ibbotson

Olivia es candidata a doctorado en el Centro de Investigación sobre Seguridad Biológica de la Universidad Metropolitana de Londres. Su investigación doctoral se centra en la criminalización internacional de las armas biológicas y químicas. También participa activamente en la Red Internacional de Educación sobre Seguridad Biológica (IBSEN).

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Resumen

La biocustodia, tal como se define en la Convención sobre Armas Biológicas y Toxínicas, se refiere a la protección de los materiales biológicos a través de medidas que impiden su uso indebido, la pérdida o el acceso no autorizado. En el sector agroindustrial, la biocustodia se entiende más comúnmente como la prevención de enfermedades naturales, accidentales o causadas deliberadamente en humanos, animales y plantas. En las explotaciones agrícolas, incluye medidas como la limpieza de botas y vehículos, el control del contacto con la fauna silvestre y medidas de cuarentena para la entrada de animales con el fin de prevenir la introducción de patógenos en poblaciones susceptibles. Los riesgos relativos a la biocustodia en el sector agroindustrial están aumentando debido a una combinación de factores, como el cambio climático; el aumento de la demanda de un suministro sostenible de alimentos; el resurgimiento de enfermedades animales y vegetales, y los avances científicos y tecnológicos. Las brechas de biocustodia pueden tener repercusiones sociales (físicas y psicológicas), ambientales, económicas y políticas importantes. Este artículo examina las consecuencias del aumento de los riesgos relativos a la biocustodia en el sector agroindustrial y destaca la imperiosa necesidad de reforzar la sensibilización y la educación en materia de biocustodia entre las principales partes interesadas para promover una gestión eficaz de riesgos.

En virtud de la Convención sobre Armas Biológicas y Toxínicas, la biocustodia se refiere a las medidas de protección, control y rendición de cuentas que se aplicaban para impedir el acceso no autorizado, la retención, la pérdida, el robo, el uso indebido, la transferencia, la desviación o la liberación intencional de los agentes biológicos y las toxinas, así como de los recursos conexos [1]. Esta definición amplia y centrada en la gobernanza, refleja la importancia de salvaguardar los recursos biológicos en todos los sectores, incluida la agroindustria, donde los riesgos relativos a la biocustodia están aumentando rápidamente. Estos riesgos son causados por factores interrelacionados, como el cambio climático, el crecimiento de la población humana y animal, el aumento de la demanda de alimentos y los avances científicos y tecnológicos.

Todas estas presiones están transformando la forma de producir, transportar y consumir los alimentos, a la vez que aumentan la vulnerabilidad ante las fallas de biocustodia. Una brecha significativa en la biocustodia puede desencadenar un evento traumatizante, como la pérdida de una cosecha a causa de infestaciones de plagas, lo cual no solo perturbaría la industria, sino que generaría múltiples repercusiones sociales (físicas y psicológicas), ambientales, económicas y políticas [2]. El brote de fiebre aftosa de 2001 en el Reino Unido es un claro ejemplo, puesto que provocó importantes pérdidas económicas, así como una disminución del turismo, mientras que los agricultores y las comunidades locales sufrieron un aislamiento social y un estrés psicológico severo debido a las restricciones de los desplazamientos, el sacrificio masivo de animales y el cierre de escuelas [2,3]. Otra consecuencia fue el aplazamiento de las elecciones generales nacionales en el país.

La vulnerabilidad ante estos eventos traumatizantes es a menudo exacerbada por la dependencia económica de los cultivos comerciales y la autosuficiencia alimentaria limitada, así como la combinación de niveles de biocustodia insuficientes en las explotaciones agrícolas con grandes sistemas de producción intensiva y sistemas de seguimiento de la biocustodia inadecuados [4]. En este contexto, el presente artículo analiza los riesgos relativos a la biocustodia que afectan a los animales y al medio ambiente, y examina la manera en que estos riesgos pueden interactuar a lo largo de la cadena de suministro de alimentos. Teniendo en consideración que el sector agroindustrial está muy interconectado y es muy importante, una perturbación en cualquier ámbito puede producir un efecto dominó en todas las cadenas de suministro.

Riesgos relativos a la biocustodia para los animales

En el sector agrícola, los animales son particularmente vulnerables a las brechas de biocustodia. Los factores de riesgo incluyen el confinamiento en espacios reducidos con otros animales, la susceptibilidad a enfermedades infecciosas (especialmente cuando no existe inmunidad colectiva frente a enfermedades exóticas a menos que los animales estén vacunados) y la presencia de animales inmunodeprimidos. El transporte de ganado a larga distancia aumenta aún más la vulnerabilidad, puesto que las brechas de biocustodia permiten que los patógenos se propaguen a través de grandes áreas durante los períodos de incubación. En caso de brechas, las redes de transporte pueden facilitar una dispersión rápida de los patógenos lejos de su lugar de origen.

En términos más generales, la industria agrícola se enfrenta a una presión cada vez mayor para aumentar la producción de alimentos y carne, reduciendo al mismo tiempo el uso del suelo. A pesar de que el objetivo de la intensificación sostenible es aumentar la producción y, al mismo tiempo, limitar el uso del suelo y la deforestación, la intensificación a menudo implica una producción animal de alta densidad y la concentración de desechos animales. Si bien este enfoque puede reducir el uso del suelo y la deforestación, también puede aumentar el riesgo de propagación y aparición de enfermedades, como la influenza aviar, especialmente cuando no se aplican medidas de biocustodia eficaces [5]. Desde 1940, se estima que el 50 % de las enfermedades infecciosas zoonóticas emergentes está relacionado con la agricultura [6]. Se prevé que esta cifra alarmante aumente a medida que la agricultura se expanda y la demanda de carne se intensifique. Resulta preocupante que esta estimación se considere moderada [5].

Por consiguiente, la seguridad sanitaria de los alimentos para una población mundial que crece constantemente es una prioridad fundamental [7]. Pero ¿cómo podemos aumentar de forma segura la producción de alimentos y carne? ¿Y cómo podemos implementar eficazmente los principios de biocustodia para reducir los riesgos? Es necesario abordar rápidamente estos retos y encontrar soluciones.

Riesgos relativos a la biocustodia para el medio ambiente

Los riesgos relativos a la biocustodia para plantas y cultivos también están aumentando. Al igual que en el sector ganadero, la producción agrícola sufre presiones para aumentar su rendimiento, protegiendo y reduciendo al mismo tiempo el uso del suelo. A pesar de que la intensificación sostenible puede «proteger» los suelos, reduciendo la superficie utilizada, también puede elevar los riesgos relativos a la biocustodia al fomentar la distribución homogénea de cultivos, así como una mayor dependencia del riego y los productos agroquímicos [8]. La distribución homogénea de cultivos aumenta la vulnerabilidad de las explotaciones agrícolas al concentrar cultivos con escasa diversidad genética, haciéndolos más susceptibles a los patógenos.

Estos retos coinciden con el debate sobre la «conservación del suelo versus el uso compartido del suelo», que gira en torno a dos enfoques contradictorios para equilibrar la conservación de la biodiversidad y la productividad agrícola [9]. La conservación del suelo se centra en la intensificación para reducir la cantidad de suelo utilizado y, al mismo tiempo, aumentar el rendimiento. Por su parte, el uso compartido del suelo promueve prácticas agrícolas respetuosas con la fauna silvestre que aumentan la densidad de las poblaciones de animales silvestres en los suelos de cultivo, aunque esto puede reducir el rendimiento. Si bien desde el punto de vista de la biocustodia, el uso compartido del suelo fomenta la seguridad de las plantas al aumentar la biodiversidad de los cultivos, desde el punto de vista agrícola, puede obstaculizar la producción. La conservación del suelo da como resultado explotaciones agrícolas más pequeñas con una gestión más intensiva, lo cual acarrea problemas específicos, ya que los eventos traumatizantes pueden propagarse aún más rápidamente entre sistemas de cultivos concentrados.

Las explotaciones agrícolas a gran escala con medidas de biocustodia ineficaces aumentan aún más la vulnerabilidad de los cultivos, ya que se centran en el rendimiento de los cultivos y suelen tener «plantaciones de monocultivos» [10], lo que puede aumentar la susceptibilidad a plagas y enfermedades. Debido a la falta de protección natural característica de la diversidad de cultivos, que conlleva a un mayor uso de pesticidas y herbicidas, existe un riesgo adicional relativo a la biocustodia, lo cual perturba el equilibrio ambiental natural.

El cambio climático agrava estos retos, alterando los patrones de propagación de las enfermedades de las plantas a través de cambios en la circulación atmosférica, como las corrientes en chorro, y aumentando la frecuencia de las perturbaciones meteorológicas que causan pérdidas en las cosechas [11,12]. Estos fenómenos meteorológicos plantean decisiones difíciles para los agricultores, como: ¿es más rentable cosechar o abandonar una mala cosecha? La relación entre mala cosecha y abandono de cosecha es un concepto relativamente nuevo, influenciado por el cambio climático [13]. Además, el cambio climático se ve alterando por el comportamiento y los ciclos de vida de las plagas agrícolas [14], lo que a su vez ha introducido nuevos riesgos relativos a la biocustodia para las plantas y los cultivos.

El cambio climático y la agricultura intensiva están transformando la bioseguridad ambiental. Aumentan la propagación de plagas y enfermedades vegetales y amplifican el riesgo de pérdidas de cosechas.

 

Vulnerabilidades de la biocustodia en toda la cadena de suministro de alimentos

La cadena de suministro de alimentos abarca todos los aspectos del sector agroindustrial, por lo que las amenazas que afectan a un solo ámbito pueden afectar a toda la cadena. Las interrupciones tienen repercusiones considerables, ya que causan desestabilización socioeconómica de un estado, deteriorando la confianza del público en las instituciones gubernamentales y generando inquietudes con respeto a la preparación, los riesgos relativos a la biocustodia, el control de calidad y la seguridad sanitaria de los alimentos [1].

Los riesgos relativos a la biocustodia se ven agravados por los múltiples puntos de entrada de contaminación y la amplia distribución geográfica de las cadenas de suministro de alimentos modernas. La globalización del comercio de alimentos ha acelerado las redes de distribución de alimentos, generando una falta de trazabilidad y un aumento de los riesgos relativos a la biocustodia. La creciente prevalencia de productos de larga duración también facilita la contaminación en los entornos de procesamiento y venta minorista de alimentos, lo que plantea retos adicionales para la trazabilidad y la investigación forense.

Las interrupciones en la cadena de suministro de alimentos pueden incluso generar importantes repercusiones psicológicas en la sociedad, causando miedo y pánico social. El pánico social, a su vez, puede generar un aumento de la ansiedad, depresión, insomnio y comportamientos irracionales, como el acaparamiento excesivo de alimentos, y algunas personas pueden incluso presentar síntomas similares al trastorno de estrés postraumático [15].

La producción animal de alta densidad y el transporte de ganado a larga distancia crean vías de transmisión rápida de enfermedades infecciosas cuando se deterioran las medidas de bioseguridad.

 

Reforzar la biocustodia mediante la educación y la coordinación

Los riesgos relativos a la biocustodia en el sector agroindustrial están evolucionando en respuesta al cambio climático, el crecimiento poblacional y la presión para aumentar la producción de alimentos y reducir el uso del suelo. Ya sea que los patógenos se introduzcan de forma natural o deliberada, las consecuencias pueden generar efectos sociales, ambientales, económicos y políticos considerables, a los cuales se suman los numerosos puntos de contaminación de la cadena alimentaria y su amplia distribución geográfica, que convierten al sector agroindustrial en un objetivo vulnerable para quienes buscan causar daño u obtener beneficios.

A pesar de que las crecientes preocupaciones en materia de biocustodia a las que se enfrenta el sector agroindustrial ponen de manifiesto la necesidad de disponer de educación eficaz en materia de biocustodia, siguen existiendo brechas considerables, entre las que destacan la desatención con respecto a los conceptos de biocustodia en la educación y la atención insuficiente a las consecuencias más amplias de las fallas en materia de biocustodia. Por consiguiente, es fundamental establecer una red educativa sostenible y coordinada a nivel mundial para superar estas brechas, fortalecer la capacidad en materia de biocustodia y apoyar la elaboración de estrategias eficaces de gestión de riesgos.

Traducido del original en inglés. 

Imagen principal: ©SDI Productions, Getty Images

 Referencias

[1] Oficina de Asuntos de Desarme de las Naciones Unidas. Base de datos de tratados sobre el desarme. La Convención sobre la prohibición del desarrollo, la producción y el almacenamiento de armas bacteriológicas (biológicas) y toxínicas y sobre su destrucción [en inglés]. Nueva York (Estados Unidos de América): Naciones Unidas; 1972. Disponible en: https://treaties.unoda.org/t/bwc (consultado el 12 de enero de 2026).

[2] Djurle A, Young B, Berlin A, Vågsholm I, Blomström A-L, Nygren J, et al. Addressing biohazards to food security in primary production. Food Sec. 2022;14(6):1475-97. https://doi.org/10.1007/s12571-022-01296-7

[3] Mort M, Convery I, Baxter J, Bailey C. Psychosocial effects of the 2001 UK foot and mouth disease epidemic in a rural population: qualitative diary based study. BMJ. 2005;331(7527):1234. https://doi.org/10.1136/bmj.38603.375856.68

[4] Vasconcelos Gioia G, Lamielle G, Aguanno R, ElMasry I, Mouillé B, De Battisti C, et al. Informing resilience building: FAO’s Surveillance Evaluation Tool (SET) Biothreat Detection Module will help assess national capacities to detect agro-terrorism and agro-crime. One Health Outlook. 2021;3(1):14. https://doi.org/10.1186/s42522-021-00045-8

[5] Hayek MN. The infectious disease trap of animal agriculture. Sci. Adv. 2022;8(44):eadd6681. https://doi.org/10.1126/sciadv.add6681

[6] Rohr JR, Barrett CB, Civitello DJ, Craft ME, Delius B, DeLeo GA, et al. Emerging human infectious diseases and the links to global food production. Nat. Sustain. 2019;2(6):445-56. https://doi.org/10.1038/s41893-019-0293-3

[7] Kuyper TW, Struik PC. Epilogue: global food security, rhetoric, and the sustainable intensification debate. Curr. Opin. Environ. Sustain. 2014;8:71-9. https://doi.org/10.1016/j.cosust.2014.09.004

[8] Zabel F, Delzeit R, Schneider JM, Seppelt R, Mauser W, Václavík T. Global impacts of future cropland expansion and intensification on agricultural markets and biodiversity. Nat. Commun. 2019;10(1):2844. https://doi.org/10.1038/s41467-019-10775-z

[9] Green RE, Cornell SJ, Scharlemann JPW, Balmford A. Farming and the fate of wild nature. Science. 2005;307(5709):550-5. https://doi.org/10.1126/science.1106049

[10] Liu CLC, Kuchma O, Krutovsky KV. Mixed-species versus monocultures in plantation forestry: Development, benefits, ecosystem services and perspectives for the future. Global Ecol. Conserv. 2018;15:e00419. https://doi.org/10.1016/j.gecco.2018.e00419

[11] Lewis CM, Morier‐Gxoyiya C, Hubbard A, Nellist CF, Bebber DP, Saunders DGO. Resurgence of wheat stem rust infections in western Europe: causes and how to curtail them. New Phytol. 2024;243(2):537-42. https://doi.org/10.1111/nph.19864

[12] Giguere J, Otto FEL, Tannenbaum A, Vahlberg M, et al. Climate change and the escalation of global extreme heat: assessing and addressing the risks. Climate Central, Red Cross Red Crescent Climate Centre, World Weather Attribution; May 2024. Available at: https://www.climatecentral.org/report/climate-change-and-the-escalation-of-global-extreme-heat-2025 (consultado el 7 de enero de 2026).

[13] Obembe OS, Hendricks NP, Tack J. Decreased wheat production in the USA from climate change driven by yield losses rather than crop abandonment. PLoS ONE. 2021;16(6):e0252067. https://doi.org/10.1371/journal.pone.0252067

[14] Skendžić S, Zovko M, Živković IP, Lešić V, Lemić D. The impact of climate change on agricultural insect pests. Insects. 2021;12(5):440. https://doi.org/10.3390/insects12050440

[15] Nie X, Feng K, Wang S, Li Y. Factors influencing public panic during the COVID-19 pandemic. Front. Psychol. 2021;12:576301. https://doi.org/10.3389/fpsyg.2021.576301

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